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30 de noviembre de 2016

243 - el after

Se despertó la nena enjambre
Querés hacer como que no la
Escuchás porque anoche
Te acostaste tarde ni siquiera
Fue anoche era esta mañana cuando
Volvías del brazo de un amigo como si
Fueran dos viejos escapados del asilo de
Una fiesta así que este mediodía o
Quizá siesta la nena enjambre de tu vecina la
Disfrazada princesa gitana y gracia del
Edificio hierve en zumbidos por la escalera y
Sube y baja y sube con el aguijón postizo de esos
Taquitos mientras al lado los
Albañiles suben el volumen de
Cualquier radio meta
Cumbia guacha y cortan
Ladrillo ladrillo entonces
Salís corriendo a ver el mar
Que está en la esquina

27 de septiembre de 2016

242 - Por niño

 
No perdía el tiempo
Pero me habían contado
Que era mejor
 Un poco de silencio por la siesta
Un pico de ave en seco
La taxidermia
La meteorología

Así que nada
Poca vida ahí
Apenas ahora
Con el cambio de pelo y
Este solcito que un poco
 Alumbra a los albañiles de la esquina
Intento hablarte
Como hablan
Los tréboles comunes

Quisiera una flor
Pero mis dedos
No dan pie con brote

Entonces
Me limito al verde del momento
A masticar la tierra
No por caído
Si no por siempre niño


7 de octubre de 2015

240 - Nada de mertiolate


y un poco quiero vivir como los indios

en patas todo el día sin que te digan

andá ponete los championes porque

toda tu familia también en patas en el

monte y yo del monte a

la laguna de la laguna al

monte y si te clavás una espina te

la sacás así nomás o te la

saca tu abuela con cataplasma de

barro de la laguna

nada de mertiolate

nada de mertiolate y

otra que bicicleta

caballo para todo el mundo

ni moto ni el fitito y perros sí

los que quiera

perros sin permiso de tener perros

perros más parientes del zorro

más primos del lobo y los cuentos

todos sobre estrellas y qué miedo al

carlanco puedo tener si

viviríamos debajo de los truenos

y los mandados serían

consigan plumas para las flechas

cortá tal yuyo busquen tal flor

averiguame

dónde hizo cueva la mulita



10 de septiembre de 2015

239

los poemas me salen
con una fuerza extraña en casa ajena
o en hoteles, o en viaje, o
volviendo de tu casa mientras veo
la ciudad con el sol que recién sale
de la arena y los pájaros que ya son
mis otros únicos amigos cada cual
en su ramita o esos tres teros que me siguieron
desde tu barrio hasta picarme el pelo y todavía
andan yirando en el cielo, y yo
llegué, saludé al vecino, corté fresias de la
casa abandonada, ya las puse en agua, ya
puse el agua, casi hierve la pava, entonces
tomo mate solo, amargo, a secas
y pienso qué lindo es agarrar calle temprano
en ayunas, en silencio, las zapatillas en el
pasto zap, zap, y la primavera
que se te tira encima y le ganó
al humito por la boca
y me quedo un rato mirando el vapor que sale
de la bombilla y agarro la lapicera
y escribo que los poemas
me salen con una fuerza extraña en casa ajena.

7 de julio de 2015

238



No quiero empequeñecerme de vos pero
está manso el pasto, domado
en sus remolinos de pelo de niño.

Los ojos bajo tierra.
Los ojos negros en la
napa de una lágrima negra.

En la nariz le escarba una mulita su
laberinto y cueva y hecha cría
en el ronquido.

La boca seca.
La boca, un yacimiento mineral.
La lengua del niño es baquelita.

Pero ahora
sólo vemos
la mata rubia del pasto de este invierno.
Y hay unos huesos por allá, y también
pasa un hombre con tropilla. Retumba
la huella al trote.

Nada despierta al niño de su siesta.
Al gran niño que duerme
bajo el horizonte de fuego de los talas,
al que duerme
bajo la piel de cal del rancherío.

6 de abril de 2015

237



Había panal con miel en el
mercado. Repollo, hinojo
ají parió y pescado.
El agua se abría en tres cascadas, las
piedras: papa negra, higos, y
caía esa agua chica bajo
techo de hierbas, de romero,
salvia, selva por
arriba y monos de jengibre.
Inmensos monos de raíz colgados,
bestias dormidas en mandioca. Y el
agua salía de una serpiente
de manguerita roja.
Los canales bordeaban la espinaca, la
achicoria tenía perlas y los cestos
dejaban libre al mimbre que
hechó brotes hasta el techo. Entonces
el jaguar,
que preparaba su siesta de altura en las
cabreadas del Mercado de San Telmo,
se arrojó sobre nosotros
como gato de entrecasa.